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Sembrando vida


Martes 01 de Junio de 2010 00:00 Pancho Bohórquez

Dar la vida puede tener muchos significados. Bety Cariño ha dado la vida defendiendo los derechos humanos, los derechos de los pueblos y la relación respetuosa de los pueblos con la naturaleza. Bety es hoy mujer semilla, semilla en tierra mixteca y semilla de los pueblos del mundo, que cultivó cotidianamente una vida mejor. Muy joven empezó a trabajar por el cambio social tanto en los espacios comunitarios más inmediatos como en la formación de redes de acción más amplia y coordinada. En el valle de Tehuacán y los pueblos de la Sierra Negra denunció a las granjas industriales y las fábricas textiles que por ganancias privadas contaminan y destruyen el agua y los recursos colectivos. Contra este modelo violento, y con otras mujeres y hombres impulsó alternativas de Economía Solidaria como la producción y venta de tortillas de maíz, base del alimento de las comunidades. En este andar fundó el Centro de Apoyo Comunitario Trabajando Unidos (CACTUS), junto a su esposo, Omar Esparza, y participó en la creación de Espacio Ecosol Oaxaca, red que agrupa a decenas de organizaciones y comunidades oaxaqueñas, y es parte de un movimiento más amplio que construye una economía colectiva, justa y sostenible.

Quienes conocieron a Bety directamente relatan que, con inteligencia, sensibilidad y decisión, fue sumando sus grandes capacidades en espacios de resistencia y acción política; así hizo parte de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (REMALC), la Red Mexicana Antiminera (o de Afectados por la Minería, REMA), La Otra Campaña y la Alianza Mexicana por la Autodeterminación de los Pueblos (AMAP). Una cosa está clara: Bety sabía muy bien que las mujeres y hombres ‘de a pie’ nos  tenemos que levantar juntos contra la economía global dominante, individualista y violenta que destruye la naturaleza y pisa nuestros derechos.

Su participación en espacios políticos regionales, nacionales e internacionales no la separó de la solidaridad más concreta con las comunidades violentadas y amenazadas, y por eso el 27 de abril de este año participaba en la caravana humanitaria que viajaba al municipio autónomo de San Juan Copala y fue atacada por paramilitares de la zona, en complicidad con el gobierno del estado de Oaxaca, a su vez respaldado por el gobierno federal. Al poder que aplasta y exprime al pueblo, no le gusta que las mujeres y los hombres dignos y valientes levanten la voz y la mirada, fijen otro horizonte y construyan otros caminos de respeto y solidaridad. El 27 de abril murieron los cuerpos de Bety Cariño y Jyri Jaakkola.

Jyri tiene su historia libertaria: finlandés, ecologista social y defensor de la autodeterminación de los pueblos, trabajaba contra el cambio climático, por la soberanía alimentaria y la economía de la reciprocidad, con la visión de una sociedad ecológica, de comunidades autónomas en relaciones cooperativas; fusionaba  teoría y práctica y llegó a México para aprender de sus pueblos  y ser solidario con sus mujeres y hombres, acercándose a su situación y posición. El color blanco y el pasaporte europeo de Jyri perdieron sus poderes protectores ese día.

Heridos y perseguidos, muy cerca de morir estuvieron también otros activistas y periodistas mexicanos e internacionales, como Mónica, Martin, David, Noé, Fernando y Omar, el esposo de Bety y dirigente de la AMAP, por quien los paramilitares preguntaron expresamente a quienes viajaban en la caravana emboscada. En la zona de San Juan Copala, hasta ese día se contaban ya 19 asesinatos sin respuestas institucionales responsables, y el pasado 20 de mayo, a pesar de la atención internacional generada por los hechos recientes, fueron asesinados impunemente el ideólogo del municipio autónomo Timoteo Alejandro Ramírez y Cleriberta Castro, su esposa, luego de encerrar a sus cinco hijos.

La violencia contra quienes defienden los derechos humanos y de los pueblos en México tiene tristes y largas historias, y este es un ejemplo claro de la cadena de poderes y engaños que necesitamos romper con ética liberadora, comunicación y organización popular:

– la UBISORT es el grupo paramilitar responsable de este ataque, tiene el irónico nombre de Unión por el Bienestar Social de la Región Triqui, tiene claros nexos con el gobierno de Oaxaca y es dirigida por un exalumno del secretario de gobierno de este estado mexicano; desde la década de los noventa la UBISORT se apoya en las armas para controlar los recursos locales en alianza con el Partido Revolucionario Institucional (PRI);

– el PRI, tras gobernar México por 70 años y dejar la presidencia en el 2000 al Partido Acción Nacional (PAN), ha recuperado en elecciones intermedias su primer lugar electoral, con ayuda de la manipulación informativa, la división de grupos de la ‘izquierda moderna’ y de la mano de caciques como Ulises Ruiz (el asesino gobernador de Oaxaca) o Mario Marín (el pederasta gobernador de Puebla) y la imagen maquillada del corrupto y represor  Enrique Peña Nieto, (actual gobernador del Estado de México y precandidato presidencial del PRI y las grandes cadenas televisoras);

– estos priístas no fueron tocados por el ilegítimo presidente mexicano Felipe Calderón (del PAN) ni por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) por cuentas pendientes de la amañada elección presidencial de 2006 y todos juntos han sido cómplices de múltiples crímenes como los sufridos en Oaxaca o en el Estado de México cuando las policías estatal y federal reprimieron al Frente Popular en Defensa de la Tierra, incluyendo encarcelamientos a líderes y violaciones  generalizadas a las mujeres manifestantes.

Es la misma colaboración entre élites económicas, medios de comunicación, gobiernos, partidos y paramilitares que en Chiapas mantiene la violencia contra los pueblos zapatistas, asesina a líderes como Mariano Abarca Robledo, miembro de la REMA en Chicomosuelo que se opuso a la minera canadiense BlackFire por la destrucción y enfermedades que provoca.

Los poderosos egoístas siguen impulsando su progreso y sus negocios con los recursos naturales, las riquezas públicas y el trabajo ajeno. Pero el pueblo de San Juan Copala, los pueblos de México y del mundo seguimos hoy nuestras resistencias y alternativas solidarias. Bety Cariño y Jyri Jaakkola, como los compañeros caídos y las compañeras caídas de otros muchos lugares, son un ejemplo para quienes defendemos la soberanía de los pueblos y la construcción de sociedades más justas y equitativas, con vida digna para todas y todos  y con respeto a la naturaleza, sus equilibrios y sus bienes. Y son un ejemplo no por su martirio, que a todos nos duele, sino porque, contra las violencias del poder, cada día buscaron actuar desde la conciencia ética y la solidaridad, sumando ideas y esfuerzos colectivos en la vida comunitaria cotidiana y en los movimientos sociales. ¡La lucha sigue!

http://defensaterritorios.org/index.php?option=com_content&view=article&id=2415:sembrando-vida&catid=248:mexico–violencia-institucional&Itemid=808

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