Análisis & Opinión


Jorge Medina Méndez

Es Country Managing Partner de Ernst & Young en Perú y miembro de su directorio sudamericano. Asesora a importantes empresas peruanas e internacionales. Cuenta con un MBA de la Adolfo Ibáñez School of Management de Miami. Analista y conferencista en temas de su especialidad, es también presidente y miembro del directorio de diversas instituciones universitarias, profesionales y empresariales.

  • Tue, 10/18/2011 – 12:01
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La actividad minera, por su naturaleza y ciclos económicos, está expuesta a niveles de riesgos superiores a los demás sectores, por lo que es muy sensible a cambios en el entorno económico, aun si estos son sutiles. Atraer inversiones mineras requiere de una visión de largo plazo y de la capacidad de identificar y aprovechar oportunidades frente a una serie de riesgos, tanto tangibles como potenciales.

Un estudio elaborado por Ernst & Young Global para el periodo 2011-2012 muestra cambios importantes en el panorama de riesgos del sector minero mundial. Entre aquellos cambios que han alcanzado mayor notoriedad se encuentran el nacionalismo de los recursos, el acceso a la infraestructura de transporte de minerales, las licencias sociales para operar, la volatilidad de los precios y las divisas, y la escasez de talento técnico, todo lo cual implica un nivel de criticidad importante.

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Diversos gobiernos podrían ver los crecientes precios de los minerales como una oportunidad para exigir una mayor participación en el boom minero a través de mayores tributos. Sin embargo, la experiencia indica que se requiere de extremo cuidado y de mucho criterio para sopesar la necesidad de mayores ingresos fiscales con la necesidad de ser más competitivos para atraer inversiones de largo plazo.

Partamos por resaltar que el aspecto fiscal no es per se el driver principal en una decisión de inversión en un proyecto minero. Sin embargo, siempre debe ser tomado en consideración como uno de los elementos que determinan que un país sea más atractivo que otro para invertir. En tal sentido, sí es claro que frente a similares riesgos geológicos, de infraestructura, sociales y políticos, el tema fiscal puede inclinar el fiel de la balanza hacia un determinado país.

El nacionalismo extremo influye en las decisiones de inversión de largo plazo, y puede eventualmente significar quedarse “sin soga y sin cabra”.

La competitividad en materia fiscal implica poder comparar el “government take” (o carga tributaria) que afecta a los contribuyentes en cada una de las jurisdicciones. La búsqueda del incremento de tributos sin afectar la competitividad de la industria implica un acto de equilibrio casi acrobático.

Aquí, si bien se puede abrir un abanico de opciones, desde nuestro punto de vista una de las más convenientes pasa porque cualquier tributo que sea finalmente creado responda a la lógica de afectar con una tasa escalonada las mayores utilidades operacionales que pudieran generarse. Con ello la tributación resultante responderá finalmente a la mayor o menor rentabilidad de cada proyecto.

A fin de ser competitivos en términos fiscales, la carga tributaria debe mantenerse en un rango razonable respecto de aquellas jurisdicciones con similar o mejor consideración geológica, política, social, de infraestructura, entre otros factores.

Los gobiernos deben considerar que los inversionistas del sector necesitan tener la seguridad de que los aspectos fiscales no cambiarán una vez iniciadas las grandes inversiones de capital. En tal sentido, el respeto a los contratos de estabilidad firmados por el Estado, o que el Estado decida firmar en el futuro, es esencial.

Debe tenerse presente que el nacionalismo extremo frente a los recursos naturales influye en las decisiones de inversión de largo plazo, y puede eventualmente significar –para gobiernos sin visión– quedarse “sin soga y sin cabra”. El no ver el bosque en su conjunto puede ocasionar la pérdida de ingresos fiscales provenientes de nuevos proyectos mineros, que podrían ser quizás hasta más importantes que el conjunto de los ingresos fiscales adicionales sobre proyectos vigentes.

Es claro que si a la incertidumbre de la economía global y a las desventajas que presenta nuestro país en infraestructura, conflictos, protestas aprovechadas políticamente, y escasez de recursos técnicos, le añadimos una mayor carga fiscal que no tenga presente tal situación, estaríamos probablemente configurando un cuadro crónico de déficit de competitividad que desalentará la inversión minera.

Por el contrario, si hacemos los proyectos mineros lo suficientemente rentables, aumentaremos los volúmenes de exploración, extracción y reinversión minera en el Perú. Depende de nosotros convertir los riesgos en oportunidades y alentar mayores inversiones en la minería formal, aprovechando así los beneficios tangibles que esta produce en las comunidades en que operan, al mejorar su calidad de vida en cuanto a salud, educación y generación de empleo.

http://www.americaeconomia.com/analisis-opinion/mineria-riesgos-y-oportunidades