Marlén Castro/Rogelio Agustín

Proceso | 21-01-2012 | 22:28

Chilpancingo— Dejó de comer. Sólo quería dormir. A Sofía Figueroa Peña, ex afanadora del consorcio minero Goldcorp, lo poco que le quedaba de vida se le agotó en dos días de vómitos y convulsiones. Alrededor de las 22:00 horas del 4 de diciembre de 2010 murió en una clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Acapulco.

Apenas tenía 35 años.

“Como por el 20 de noviembre me di cuenta de que se le quitó el apetito… seguramente fue desde antes pero hasta esa fecha yo no lo supe porque ese día tuvo descanso y la vi; casi nunca la veía, siempre estaba trabajando. La vi mal y le dije: ‘Atiéndete, hija’, pero ella me dijo que estaba cansada, que lo que tenía se le quitaba durmiendo. Todos los días llegaba a dormirse”, dice Doña Esther, mamá de Sofía.

Esther Peña Barrios se limpia las lágrimas con la mano; luego uno de los muchos nietos huérfanos que hay en su casa en el ejido de Carrizalillo, del municipio guerrerense Eduardo Neri, le alcanza el chal que al parecer es su paño.

Sofía quería salir de Carrizalillo. Decía que trabajaba mucho para tener suficiente dinero y comprar una casa en otro lugar, tal como piensan las cerca de 100 familias del pueblo desde que aceptaron rentar sus tierras a Goldcorp, “el mayor productor de oro y de más bajo costo”, como anuncia en su página de Internet la compañía canadiense con sede en Vancouver.

 

Por eso de afanadora pasó a responsable de manejar el equipo de absorción atómica del laboratorio –labor que requiere un perfil profesional muy específico– y decidió cubrir dos turnos: de 7:00 a 15:00 y de 15:00 a 19:00 horas.

Aunque hacía un trabajo de alta calificación –analizaba y determinaba la concentración de los metales en las muestras de los bancos de mineral; es decir que determinaba cuántos miligramos de oro podrían encontrarse en cada tonelada de tierra removida, para lo que debía manipular cianuro y otras sustancias tóxicas– sus estudios máximos de primero de secundaria sólo le permitían ganar mil 800 pesos a la semana.

Para conocer y dominar el proceso de análisis de concentración del oro Sofía sacrificó durante meses los pocos ratos de descanso y convivencia con sus hijos, pues cubría su jornada como afanadora y luego se quedaba otro turno para recibir capacitación en el laboratorio.

“Mi hija falleció por los químicos que respiraba. Cuando por fin fue a hacerse unos análisis –dos días antes de morir– le dijeron que sus pulmones estaban deshechos, que pronto iba a comenzar a vomitar sangre. Así como estaba de mal todavía fue a la planta a pedir permiso para atenderse porque si no, la iban a correr.”

La devastadora minería superficial

En Carrizalillo los ejidatarios no sólo le rentaron las tierras a Goldcorp. También la conciencia.

Desde 2009, cuando negociaron con la trasnacional un convenio supuestamente ventajoso sobre la renta de sus tierras, lo único importante para ellos ha sido el precio internacional de la onza de oro. El resto, como los síntomas de las enfermedades relacionadas con las minas a cielo abierto, el impacto ambiental, la posibilidad de contaminación de los acuíferos o de un accidente con las toneladas de cianuro que se usan diario, el riesgo de agotar las reservas de agua o las muertes de Sofía y de Fidencio –su medio hermano– parece no importar.

En Los Filos-El Bermejal, primer yacimiento de oro a cielo abierto en Guerrero, los efectos nocivos de la actividad de Goldcorp son voluntariamente ignorados por los principales afectados.

“En términos ambientales y sociales ninguna actividad industrial es más devastadora que la minería superficial”, se lee en el documento Minería a cielo abierto y sus impactos ambientales, elaborado por la Asociación Interamericana de Defensa del Ambiente y consultado en Internet.

Pero en Guerrero el fenómeno es nuevo y no hay ninguna organización que vigile las operaciones de la minera.

Una megamina –el caso de Los Filos– usa nueve toneladas de explosivos cada día. También utiliza diario 10 toneladas de cianuro, sustancia de la que una porción del tamaño de un grano de arroz es suficiente para matar a una persona, de acuerdo con la ONG argentina Conciencia Solidaria, que se opone a este tipo de minería.

 

Cuando una mina se agota y cesa sus operaciones deja ríos, arroyos y acuíferos contaminados con cianuro… y una población enferma de muerte. La capacidad productiva de las tierras tarda 100 años o más en recuperarse.

Pero aquí las autoridades dicen que todo está bien, que Goldcorp es una empresa sustentable.

“En tres años no ha habido ninguna denuncia de las comunidades. Lo que quiere decir que Goldcorp está cumpliendo. Desde hace seis años se certificó como industria limpia y cada dos años se ha evaluado y mantiene esa categoría. Nosotros cada dos meses verificamos que lo que reporta sea real. La última visita fue hace 15 días, más o menos. No sé exactamente la fecha, como no es un foco rojo no tengo en la mente cada uno de los detalles”.

El delegado en Guerrero de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), Joel Tacuba García responde a los reporteros vía telefónica, única manera de contactarlo luego de varias semanas de insistir en una reunión con él.

–¿La ciudadanía puede estar tranquila respecto a las operaciones en Los Filos?

–Certeza absoluta. La empresa ha cumplido en todo. Garantiza manejo de residuos sólidos, de emisiones al medio ambiente, de manejo del agua, de medidas de contención, como la reforestación, de acuerdo con los parámetros establecidos.

–¿Qué hay del agua con cianuro que es utilizada para separar el oro?, ¿a dónde se va?

–Se deposita en las presas de jale. El agua, como bien sabes, tiende a irse al subsuelo o evaporarse.

–¿Si esa agua se filtra al subsuelo, entonces tiende a contaminar los mantos freáticos?

–No. Tiene un tratamiento previo.

–¿La Profepa garantiza que esa agua ya no tiene cianuro cuando la absorbe el subsuelo?

–No podía precisar si lleva cianuro o no. Se supone que no. El proceso fue avalado por la Semarnat.

‘A enfrentar lo que venga’

“No nos podemos espantar de lo que pasa. Cuando rentamos nuestras tierras todos sabíamos de las consecuencias. Estuvimos conscientes de que se iba a usar cianuro y lo que eso significa, por eso estamos dispuestos a enfrentar lo que venga”, asegura Crisóforo Guzmán Montiel, líder campesino que nunca se quita los lentes Ray-Ban.

Ya no tiene que preocuparse por ganarse la vida, por lo menos mientras dure la extracción de oro o el precio del metal siga por las nubes. En 2007 Guzmán encabezó un movimiento contra Goldcorp para conseguir un mejor pago por la renta de las tierras.

La asamblea permanente de ejidatarios lo nombró comisario ejidal legítimo cuando el legal, Fidencio López Peña (medio hermano de Sofía Figueroa Peña y quien murió en 2009 de cáncer en la cara) se negó a luchar contra la corporación canadiense.

La casa de Guzmán, a diferencia de las de sus vecinos, está exactamente como antes del movimiento. Pero la flamante Cheyenne en el espacio que hace de cochera habla de la bonanza de su familia.

“Compré en la capital, allá estoy haciendo mi casa. Todos sabemos que vamos a terminar saliéndonos de aquí. Creo que nadie tiene problemas con eso, siempre y cuando les paguen bien”, afirma.

Goldcorp tiene planes de remover también el cerro sobre el que se asienta el pueblo.

Como Guzmán, todos los ejidatarios que encabezaron el bloqueo a Goldcorp y la mesa ejidal que se conformó a raíz del movimiento, disfrutan de varios beneficios, igual que los ejidatarios que los apoyaron.

Anualmente cada uno de los 176 ejidatarios inscritos en el padrón recibe la parte proporcional por la renta de las mil 500 hectáreas de uso común –2.6 onzas por hectárea– y todos alquilan además sus parcelas individuales. Algunos sólo tres, otros hasta nueve. En conjunto son 150 hectáreas más.

Y ya no siembran.

Los pagos se hacen en abril. En ese mes de 2011 la onza de oro alcanzó el precio récord de mil 600 dólares y la hectárea se cotizó en 55 mil 744 pesos. Cada ejidatario recibió 108 mil pesos por las tierras de uso común, además de lo que les dejan las parcelas individuales. Algunos sólo tienen tres, lo que equivale a 167 mil pesos, pero otros hasta nueve, por lo que habrían ganado alrededor de medio millón de pesos.

En una población que antes tenía apenas lo indispensable para subsistir, tales cantidades se antojan exorbitantes.

Orografía desbastada

Años antes ignoraban que la trasnacional extraería 300 mil onzas de oro al año. Por eso cuando llegaron los primeros representantes de la compañía y ofrecieron comprar las tierras, varios ejidatarios vendieron sus parcelas a precios irrisorios y consintieron en asamblea rentar las de uso común también por cantidades ridículas.

Luego, cuando comenzó a llegar la impresionante y costosa maquinaria que requiere la minería a cielo abierto, se supieron víctimas de un engaño.

Empezó el trato despectivo hasta que ese día, 8 de enero de 2007, a las seis de la mañana los ejidatarios bloquearon todas las operaciones de la empresa. La trasnacional aguantó 83 días. El 1 de abril accedió pagar una renta de 13 mil 500 pesos por cada una de las 970 hectáreas ocupadas. Ya había comprado algunas, pero la venta se anuló.

Los ejidatarios recibieron, ese año, 13 millones 95 mil pesos por la renta de las tierras, en vez de los 800 mil de los dos años anteriores. En la negociación Goldcorp se comprometió a financiar un sistema de agua por bombeo, entre otros 21 puntos para el desarrollo de la comunidad. Aunque accedió casi a todo, se opuso a negociar la renta de las tierras con base en la cotización de la onza de oro, que en esas fechas rondaba los 821 dólares.

El año pasó rápido. El siguiente 1 de abril, ejidatarios y empresa volvieron a negociar. El precio de alquiler de las tierras quedó en 14 mil 825 pesos por hectárea. Además Goldcorp se comprometió a financiar un proyecto integral de desarrollo, a que el sistema de agua estaría listo en diciembre de 2009 y aceptó que en realidad ocupaba mil 150 hectáreas, no 970.

En abril de 2009, en la segunda revisión del convenio, Carrizalillo decidió ir por todo. Pidió el equivalente de 3.5 onzas de oro (la onza se tasaba entonces en 920 dólares) por cada hectárea. Goldcorp aceptó a cambio de que en adelante la revisión se hiciera cada cinco años y con un tope de 1.6 onzas por hectárea.

Carrizalillo ya conocía bien los efectos de los bloqueos. Repitió el ejercicio. En esa ocasión el paro sólo duró 14 horas antes de que Goldcorp aceptara pagar 2.6 onzas, un total de 36 millones de pesos.

Ahora, en 2012, el sistema de agua sigue inacabado pero al parecer eso ya no les importa a los ejidatarios, quienes se acostumbraron a subsistir con el líquido que les manda la trasnacional en pipas.

Muertes por cianuro

El olor indescriptiblemente agresivo que parece romper la nariz se cuela a través de la mascarilla. En el laboratorio se escucha el ruido del aire acondicionado pero por ningún resquicio se cuela algún viento del exterior.

Frente al equipo de absorción atómica, de bata blanca, cola de caballo para sujetar la melena pintada, está Sofía Figueroa Peña. Tenía 32 años ese día de marzo de 2008.

Ella no lo sabía pero dos años y nueve meses después moriría en una clínica del IMSS en Acapulco luego de 48 horas de agonía y de tres meses sin apetito y de sumergirse en un sueño profundo del que despertaba cada día sólo para ir otra vez al laboratorio.

Tampoco sabía que la razón del ojo apagado de su medio hermano Fidencio es el cáncer y que sólo faltaban cinco meses para que falleciera.

En marzo de 2008 se le planteó a Goldcorp la realización de un reportaje sobre el trabajo femenino en la minería, a propósito del Día Internacional de la Mujer. El gerente general, Tomás Iturriaga Hidalgo y el superintendente de Relaciones con la Comunidad, Arnoldo García Pizarro de inmediato abrieron las puertas.

Parecían orgullosos cuando hablaron de Sofía, una viuda con tres hijos que había entrado a trabajar como afanadora y ahora tenía la tarea de determinar la concentración de oro por tonelada de tierra, utilizando cianuro, entre otros químicos. “Sofía es un caso especial, la debes entrevistar; es un ejemplo de superación”, aseguró García Pizarro.

Durante mayo, junio y julio de 2011 muchas veces se pidió una entrevista a los directivos de Goldcorp. A pesar de la promesa de agendar un encuentro, éste no se concretó en todos esos meses. Vía telefónica García Pizarro evitó hablar de las causas del fallecimiento de Sofía, pero aseguró que aunque ella manipulaba cianuro, eso nada tenía que ver.

Bonanza áurea

Migajas. No existe otra forma para definir lo que Goldcorp deja a cambio del oro, aunque los ejidatarios cobren por sus tierras con base en el precio del metal en la bolsa de valores de Estados Unidos. El precio de la onza de oro se ha duplicado –de 821 a mil 600 dólares– desde 2007 cuando la corporación empezó la extracción en Carrizalillo.

Al finalizar el primer trimestre de 2011 Goldcorp incrementó sus ganancias 69 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior.

El yacimiento Los Filos-El Bermejal es una de sus operaciones más rentables en todo el orbe, de acuerdo con el informe financiero de la trasnacional consultado en su página electrónica. “Los Filos es un elemento clave para nuestra cartera de activos”, dice en el informe el presidente y consejero delegado de Goldcorp, Chuck Jeannes.

En Los Filos el costo de producción por onza es de 188 dólares, contra los 322 en la mina Red Lake y los 621 en Musselwhite, Ontario, o los 324 dólares en la mina Marlin de Guatemala.

En el primer trimestre de 2010 Los Filos “estableció una marca de producción” con 94 mil 600 onzas de oro, 22 mil 500 más que en el mismo periodo del año anterior. Si el ritmo de producción sigue así, al finalizar el año extraerá 376 mil onzas, 76 mil más que lo previsto en el proyecto inicial, planteado a 10 años, lo que implica que concluirá operaciones mucho antes de lo planeado. Lleva cuatro años.

Con esta producción en Los Filos, Guerrero se ubica como el primer productor de oro en el país y Goldcorp es la segunda compañía mundial más grande en valor capital del sector. (M. Castro y R. Agustín/Proceso)

http://www.diario.com.mx/notas.php?f=2012/01/21&id=5dd4d8633cf8c4be0e5c158eed803857