http://www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/e4e7fe9f7a613accf953b326bc2f7f71 Estados • 15 Julio 2012 – 5:41am — reportaje por Leticia Ánimas Vargas Minera Meteoro. Grupo Frisco: El incremento de la exploración, a finales de diciembre de 2011, en las más de 10 mil hectáreas concesionadas a la empresa puso en alerta a los habitantes del municipio, quienes constituyeron una organización para frenar la extracción de oro y plata.   Foto: Andrés Lobato En el lugar ya se puede ver la maquinaria. Tetela de Ocampo, Puebla • El oro es una maldición para el hombre y las empresas mineras lo son para la naturaleza, sentencia Germán Romero, dirigente de Tetela Hacia el Futuro, asociación civil que se opone a la explotación a cielo abierto de las minas de la zona de La Cañada, a poco más de dos kilómetros de la cabecera municipal. El incremento de los trabajos de exploración —a finales diciembre de 2011—, en las 10 mil 663 hectáreas concesionadas por 50 años, a partir de 2003, a la Minera Meteoro del Grupo Frisco, filial de Carso, propiedad de Carlos Slim Helú, puso en alerta a los habitantes de este municipio, que constituyeron la organización con la que buscan frenar la extracción de oro y plata, y con ello la devastación de sus recursos naturales. “Quieren destruir una parte de un sistema gigantesco que se llama Sierra Norte de Puebla, porque lo que aquí se haga va a repercutir en Cuetzalán, en Zongozotla, en Zapotitlán, la contaminación más grave empezará cuando la minera se vaya, es decir dentro de 3 o 4 años”, alerta. Zacatlán, advierte Romero, también está amenazado, “¿de qué sirve ser Pueblo Mágico si van a explotar las minas en San Miguel Tenango, y un lugar cercano a Piedras Encimadas?”. La explotación de los yacimientos minerales en Tetela data de la época prehispánica, señalan los pobladores; sin embargo, alcanza su máxima expresión durante el siglo XVIII, al grado de que al nombre del municipio se le agrega el nombre “del Oro”, pero siempre se hizo de manera rudimentaria sin usar azogue o mercurio, solo unas pequeñas pailas hechas con cuernos de toro. Sin embargo, tras la expedición de la Ley de Minas en 1992, durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, se entrega a diversas empresas mineras, nacionales y extranjeras, 30 por ciento del territorio nacional y en la región se reinician las actividades al amparo de estas normas, que las consideran como de “utilidad pública, preferentes y libres de impuestos”. Pese a ello la presencia de los empleados de las mineras en Tetela siempre mantuvo un bajo perfil y sus actividades se realizaban de manera “encubierta” y desde hace unos meses la relación con los pobladores empezó a tensarse. “Desde 1985 llegaron a comprar propiedades, a tratar de convencer a muchos de que vendieran sus terrenos en la zona de Espejeras y La Cañada, y últimamente han adoptado una postura más agresiva: a quien se niega a vender lo amenazan con que se atenga a las consecuencias si sus propiedades sufren daños: “A ver qué haces cuando se te caigan las piedras de allá arriba”, sigue don Germán. Y aunque el sentimiento de rechazo a las actividades de la minera son lo más común, también hay quienes ya vendieron sus terrenos, “pero son unos cuantos”, como Rubén Besiés, los Izquierdo, los Arenas, pero a “ellos qué les importa, si ya no viven aquí y los terrenos los recibieron como herencia”. En cambio, hay otros como doña Graciela Salinas, una simpática y vital mujer de la tercera edad que asegura que a ella “de aquí solo me sacan muerta a balazos. Cómo voy a creer que me saquen de mi pueblo, si cada quien tiene su linda tierra”. Por ello, agrega don Germán, “cuando nos dimos cuenta que estaban con barrenos con los que han horadado hasta 800 metros de profundidad en distintos puntos del cerro y empezaron a abrir brechas, a hacer cambio de uso de suelo, sin contar con los permisos, nuestra preocupación creció, porque empezaron a ser una amenaza que puede acabar con la población. Por eso es este dolor, porque quieren acabar con la estructura social de los pueblos, quieren terminar con los vínculos más íntimos de la gente, con su sentido de arraigo y de pertenencia”, agrega. A escondidas En línea recta, desde el centro de Tetela a La Cañada, hay al menos 2.5 kilómetros de distancia, en el trayecto, densamente poblado, hay ocho escuelas, tres clínicas y dos hospitales, un ancho río de aguas cristalinas y una zona arbolada en su ribera que, se recupera de los efectos de las aguas bravas del Micht que azotó la sierra en 1999; nada de esto ha sido tomado en cuenta por la empresa, que evita el contacto con los lugareños. Una enorme estancia casi en ruinas, conocida como Santa Rosa, que era usada para beneficiar el oro, marca la entrada a la zona en exploración. Unos metros arriba, escondidos entre la maleza, los empleados de Frisco realizan sus actividades en los alrededores de las minas de Espejeras, Cinco Señores, Los Frailes y El Callejón, el ruido de sus radios y un impresionante olor a gas anuncian que están cerca, mientras subimos hacia El Alto por un camino vecinal. A mitad de la brecha puede verse un enorme barreno y un camión con el logotipo del grupo propiedad de Slim. Los mineros atraviesan el vehículo, hoscos, no contestan el saludo, mientras con sus celulares graban el paso de los periodistas a quienes después bloquean para decirles que la zona es propiedad privada y que está prohibido tomar fotografías y videos. Unas placas de cemento de 30 centímetros por lado con las letras “BNO CIE”, seguidas por un número, hablan de sus exploraciones, hay cerca de 60, nos cuenta don Germán y Arturo Posadas, algunas están tapadas con tierra. Metros adelante, varios sitios son señalados con listones rojos. Ninguno sabe explicar de qué se trata. No peleamos el metal A decir de los pobladores, el área que fue concesionada a Frisco es la más rica en la región: “Hay oro, plata, vegetación y agua, pero nosotros sabemos que el oro no es de nosotros, y no nos interesa —dice don Francisco Tapia—, lo que queremos es evitar la destrucción tan fuerte que puede venir si se acaban nuestro cerro”. En el lugar, explican, están los nacimientos de agua que abastecen a unas 30 mil personas asentadas en la cabecera municipal y las comunidades de La Cañada, La Soledad, Zoyatitla, Tlamuanco y Tlacomulco, entre otras. “Sabemos que a la primera descarga de dinamita que utilicen el agua va a agarrar otras rutas, puede desaparecer, porque las venas del agua pasan por los cerros”. Por eso, dice Francisco Tapia, “no les peleamos lo del oro, no decimos que eso sea nuestro, o la plata, o cualquier metal, a lo que nosotros nos referimos es a nuestra naturaleza”. A pesar de que la información sobre las características, alcances e intenciones de la exploración y explotación de las minas de Tetela no ha sido dada a conocer a la comunidad, “porque aquí a nadie le han explicado qué es lo que van a hacer”, añade don Germán, pero saben que está prevista la utilización de cargas de entre 10 y 12 toneladas de dinamita por día para remover entre ocho y 12 toneladas de material pétreo. “Para obtener una onza de oro mueven como 70 toneladas de material y en un día consumen la misma cantidad de agua que usa una familia en 10 años”, precisa, por ello “cuando empezamos a tener conciencia de la magnitud de la amenaza acudimos al presidente municipal Marcos Uribe, para no saltarnos a ninguna autoridad”, pero se toparon con una actitud de “ausencia”. Luego buscaron entregar personalmente al gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, un pliego de peticiones pero no pudieron hacerlo, porque el mandatario suspendió su visita a La Cañ
ada cuando le alertaron “falsamente” sobre una supuesta manifestación de los pobladores. Los miembros de Tetela Hacia el Futuro, en voz de don Paco Tapia, dicen que han buscado la ayuda de las autoridades, “pero sale muy al revés”, porque mandan a los federales pero a cuidar a los empresarios, “no a nosotros, cuidan a los que están descomponiendo”.