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Barroterán… la Tragedia que no se olvida

Apr 1, 2016
barroteran

Una de las mayores tragedias bajo tierra en la historia de México, ocurrió un 31 de marzo de 1969 en las minas 2 y 3 de Minera Guadalupe, en el poblado de Barroterán, donde murieron 153 mineros.
La noticia que dio la vuelta al mundo, permanece en la mente de Ariel Valdez Hernández de 74 años quien actualmente reside una vivienda en la colonia Miravalle 5 en Monclova.
Don Ariel vivió en carne propia uno de los peores accidentes en la historia de la minería en México. Incluso ayudó a rescatar 12 cuerpos en avanzado estado de descomposición, algunos de ellos en pedazos.
En la entrevista relata “Quede traumado por lo que vi; no comí carne durante varios meses” ya que recordaba los cuerpos en avanzado estado de descomposición que fueron rescatados de Minera Guadalupe.
La tragedia sé le que queda grabada en la mente, aun cuando han pasado 47 años de la muerte de los 153 mineros de Barroteran “después de tantos años hay veces que me dan pesadillas”.

Don Ariel estudio técnico mecánico en la escuela Industrial Álvaro Obregón de la Universidad de Nuevo León. Que actualmente se encuentra ubicada en Félix U. Gómez con Calzada Madero.
Al terminar sus estudios regresó a su ciudad natal, Palaú, Coahuila, donde fungió como jefe de mantenimiento mecánico en la Mina la Sauceda “regrese y no había trabajo en el pueblo, más que en las minas de carbón”.
El día de la Catástrofe era día de pago, por lo que acudió a Casa Arteaga de Nueva Rosita, Coahuila para hacer la despensa “venía en mi carrito, un Volkswagen del año y en el transcurso de Rosita a Palaú escuche en el radio que había explotado la Mina de Barroteran”.
Por su mente pasó la imagen de las personas que habían capacitado en la Mina la Sauceda para canalizarlos a la mina de Barroteran “tenía amigos; gente que habíamos preparado para trabajar como jefes en la mina Guadalupe”.
Y agrega “me puse nervioso y le dije a mi esposa, te voy a dejar y voy a ir a la mina porque alomejor me necesitan y dicho y hecho” Relata que dejó a su esposa, levantó un vino y una cerveza y se fue a barroteran.

Cuando llegó, vio un tumulto de gente alrededor de la mina; mujeres, hombres y niños llorando en la malla ciclónica, posiblemente se refería a los cientos de mujeres, niños y adolescentes que inesperadamente quedaron viudas y huérfanos.
Como tenía su ficha y era empleado de confianza decidió ingresar a la Mina Guadalupe “cuando llegue a la Boca Mina, (por donde baja la gente) vi a mis jefes con unos extranjeros que trían aparatos para medir el gas metano, propano y monóxido de carbono”
Sus superiores le preguntaron si quería bajar y el accedió, sin pensar que a 200 metros de profundidad encontraría el primer cuerpo “estaba tirado el maestro blancas boca abajo, quien era jefe de mecánicos”.
Relata que le pidieron sacar el cuerpo, en compañía de uno de los elementos de seguridad, “improvisamos una camilla con unos barrotes de madera y lo echamos, los 200 metros se me hicieron una eternidad con el peso de la persona”.
El rescate de los 153 cuerpos no pudo continuar porque a 500 metros de profundidad detectaron la caída del techo.
Don Ariel retomó los próximos cinco días su trabajo en la Mina La Sauceda en Palaú, Coahuila, cuando uno de sus superiores de nombre Arturo Pérez, le dice “vamos a ir a la Mina de Barroteran, ¿quieres ir?
Accedió y nuevamente se trasladó al lugar de la tragedia “Me tocó sacar 11 muertos, ya despedazados” relata  “llegaron especies de Sleeping que cerraban herméticamente, es decir, ponías el cadáver, luego le dabas vuelta y quedaba sellado”.
Los relatos refieren que pasadas las 17:30 horas, cuando se escuchó un fuerte estruendo. Los mineros que habían entrado a trabajar en el turno de segunda, habían quedado atrapados en las minas 2 y 3.
El gas metano, conocido como grisú, fue la causa de la explosión. Por lo que rescatistas y voluntarios tardaron más de un mes para recuperar de entre los escombros todos los cadáveres, muchos de ellos en descomposición y en pedazos.
En su recuerdo relata “Murieron varios compañeros que estaban con nosotros en la mina la Sauceda y que posteriormente fueron nombrados jefes en la mina Guadalupe, uno de ellos se llamada David Arzola”.
Recuerda que su madre le dijo  ‘si quieres que tus hijos tengan papá durante muchos años necesitas dejar ese trabajo’.
Y que decidió dejar el trabajo en la Mina la Sauceda, para trasladarse a Monclova, aquí fue jefe de mantenimiento general en COMMSA, en equipos mineros, jefe de turno en BOF en mantenimiento mecánico, entre otras.
Aquel fatídico día cientos de niños y adolescentes inesperadamente quedaron huérfanos; actualmente tienen 60 o 70 años, pero aún recuerdan la muerte de los 153 mineros que perdieron la vida en la explosión
Cabe mencionar La explosión en las minas dos y tres de Guadalupe en el poblado de Barroterán es considerada como una de las mayores tragedias mineras en la historia, no sólo en la Región Carbonífera de Coahuila, sino a nivel nacional e internacional.

En aquel entonces no se contaba con avances tecnológicos, sin embargo pudieron rescatar los 153 cuerpos a diferencia de los 63 cuerpos que permanecen atrapados en la mina accidentada Pasta de Conchos.

http://laprensademonclova.com/portal/2016/04/01/barroteran-la-tragedia-que-no-se-olvida/

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