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La montaña de las venas de plata

Huicholes en el Cerro del Quemado. Armando, segundo por la izquierda. JAVIER BRANDOLI

El Cerro del Quemado está repleto de valiosas piedras

«Tocar la montaña es igual que si nos arrancaran las venas del corazón»

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El Cerro del Quemado o Wirikuta, un lugar perdido al que se llega tras atravesar un largo desierto, un profundo túnel y luego una alta montaña, es el Vaticano o la Meca de los huicholes y es, también, una montaña repleta de valiosas piedras que la empresa canadiense First Majestic quiere explotar. «Tocar la montaña es igual que si nos arrancaran las venas del corazón», resume Armando, un huichol o wixarika que junto a tres compañeros ha recorrido 400 kilómetros a pie desde Jalisco para llegar a su altar sagrado. «Aquí se creó el sol y aquí hacemos nuestras ofrendas», explica a EL MUNDO desde la sacra cumbre.

En la cima hay un centro ceremonial, compuesto por círculos de piedras a los que sólo se entra tras haber realizado ciertos ritos y ofrendas con permiso del vigilante, un huichol de nombre Manuel, y una pequeña capilla donde hay cabezas de venado, instrumentos de música, velas, arcos y… peyote. «Bebemos algo de tesgüino (un aguardiente local) y tomamos nuestro peyote. Para nosotros eso es como la hostia sagrada para ustedes. Nos hace acercarnos a nuestros dioses. Nos preparamos antes para ello: no comemos carne, no tomamos sal, ni practicamos relaciones sexuales», explica Armando que esperará junto a sus compañeros a que la noche o la incipiente tormenta disuelva a los pocos turistas para entrar en su área ceremonial sagrada, limpiar sus almas, tomar su peyote y acercarse algo más a su Dios. «Aquí nació el Sol», repiten, y «allí abajo está el desierto en que el encontramos el peyote», señalan. Un mundo se asoma entonces en sus dedos, que enmarca cinco lugares sagrados dispersos en una ruta de más de 500 kilómetros que abarca los cuatro puntos cardinales y el centro de su cosmos. De los cinco, Wirikuta, el este, es el más relevante.

Promesas de puestos de trabajo

Pero el conflicto es complejo y lleno de aristas. Hace algunos años la minera canadiense First Majestic (Real Bonanza en su proyecto en la zona) descubrió que la montaña tiene aún riquezas en sus entrañas. El área alrededor de la turística localidad de Real de Catorce es un zona pobre, de ejidos y ranchos de campesinos, donde la empresa promete desembarcar con inversiones y puestos de trabajo. El mensaje caló en una parte de la población y la sociedad perdida de las montañas fácilmente se quebró en dos.

«Pensamos crear 760 empleos directos y 1800 empleos indirectos en el estado de San Luis Potosí», explica la minera Real Bonanza a este periódico. Una salvación para muchas comunidades de alrededor del Cerro de la Quemada que no tienen la oportunidad de vivir del turismo como Catorce. La mecha ha prendido con facilidad.

«Nos dividieron a huicholes y mestizos. Había ciudadanos en Real a favor y en contra y hubo malas palabras para los que no éramos de acá», explica Marciano de la Cruz, un huichol de 35 años. Su nombre sirve de pista para entender el fuerte rezago que viven en México las comunidades indígenas: «Antes no teníamos nombre ni acta de nacimiento. No hablábamos español. Un lunes fui a la escuela y el director me dio a elegir entre Mariano, Marciano, Marcial o Marcos. Elegí Marciano».

El pueblo huichol habita en los estados de Durango, Nayarit y las montañas de Jalisco y Zacatecas. Quedan cerca de 50.000 wixárikas en todo México. Todos deben venir periódicamente a cumplir su larga peregrinación en la montaña sagrada. En San Luis Potosí, por tanto, son inmigrantes que vienen de fuera. Pueblos originarios al pairo de los nuevos tiempos.

Así que cuando llegó la minera y su oferta, parte de la población local que sólo ve atravesar en goteo a los huicholes por sus tierras, cada vez con más dificultad por la proliferación de las cercas, se puso del lado del empleo, y otra parte de la población, especialmente los extranjeros y ONG, se pusieron del lado de los «inmigrantes» huicholes hasta conseguir una paralización parcial del proyecto.

«La minera dividió cruelmente a la población entre foráneos, huicholes y gente local. Hubo gente que defendimos a los huicholes y gente que nos decía: ‘ustedes son una bola de peyoteros y hippies y por eso los defienden'», recuerda Petra Puente, alcaldesa de Real de Catorce de 2007 a 2009, defensora de no tocar la montaña y dueña del hotel y restaurante Mesón de la Abundancia.

La empresaria, que se declara enamorada del pueblo y su entorno y que tuvo un escándalo por haberse registrado a su nombre la marca Real de Catorce mientras era presidenta municipal, algo que ella asegura que hizo por preservar la marca y que donará a una fundación que está creando, volvió a presentarse a la Alcaldía en las elecciones de 2012. «Tuve una presencia invasiva de la mina contra mi campaña. Hubo una fuerte compra de votos que nos hizo perder las elecciones. Me sentaron con políticos de alto nivel del Gobierno Federal y Estatal para que cambiara mi opinión», denuncia Petra Puente.

¿Ha realizado u ofrecido First Majestic pagos para cambiar elecciones locales o cambiar la opinión de los habitantes sobre el proyecto de la mina de Real de Catorce? «No, nunca, son acusaciones falsas. Desconocemos los intereses de quienes hacen estas afirmaciones sin sustento», responde a este periódico la empresa minera.

«Nos iban a dar un taller de pintura a nuestros hijos para luego vender las piezas. Luego nos enteramos de que estaba detrás la Mina y les dije a mis hijas que mejor no fueran», ejemplifica Marciano que pasó con la gente del pueblo.

El peyote

El dinero, o la falta de él, zarandearon todo menos la inamovible creencia de los huicholes. El bello y abandonado Real de Catorce se hizo famoso por ser plató de cine de numerosas películas de Hollywood y por el peyote. «Muchas personas engañan a la gente, se visten de huicholes, de chamanes, y se llevan turistas al desierto a tomar peyote. Mucha gente viene sólo a drogarse. No vienen a conocerlo con respeto», explica Yolanda, otra huichol que vive en el pueblo.

La venta del peyote está prohibida y penada con cárcel. Aunque sólo los huicholes pueden usarlo por sus usos y costumbres, la planta sagrada se ha convertido en una de tantas drogas que se trafican en el país.

«Fue sonado el caso de una pareja de jóvenes de familias bien de Ciudad de México que se metió en el desierto a consumir peyote junto a alcohol y otras sustancias y él acabó matando a ella porque pensó que era el diablo», recuerda Petra. «Es algo sagrado, no una simple droga. Uno no va a la Iglesia y se pone a hurgar en las hostias del sacerdote», incide la ex alcaldesa.

Sin embargo, ese argumento ha servido a muchas personas de las comunidades para identificar a los huicholes y al Cerro de la Quemada como un simple lugar donde se consumen drogas. «Son drogadictos que nos dejan sin trabajo», resumen algunos de los enojados habitantes de la zona.

Proyecto paralizado

Por ahora la Justicia ha dicho que Wirikuta es intocable y se ha paralizado el proyecto que ataca a una cultura originaria. «En una reunión tuvieron los de la Mina la torpeza de decirles a los huicholes que ellos sólo iban a excavar por dentro y que arriba ellos podían seguir con sus ritos. Eso era decirles que les iban a arrancar el corazón y ni se dieron cuenta», dice Petra.

«El proyecto La Luz estará a 7,5 kilómetros de Cerro del Quemado e incluso este centro ceremonial se encuentra fuera de las concesiones que minera Real Bonanza tiene autorizadas para la extracción. Mantendremos intacta la Ruta Sagrada que utilizan los wixárikas para llegar a sus centros ceremoniales. El proceso de extracción será de manera subterránea, como se ha realizado desde hace más de 200 años en esa zona minera», responde la minera a la pregunta de si se tocará el Cerro.

Por ahora hay sólo un carpetazo judicial no definitivo y quizá una nueva negociación futura. «Estamos dispuestos a realizar el proyecto y cambiar algunas cosas. Reafirmamos nuestro interés por contribuir con el desarrollo de la región y su gente, a través de empleos competitivos que promuevan el bienestar de las familias, así como la preservación del patrimonio cultural y otros programas sociales», asegura la minera.

«Si se sube al Quemado sólo van a encontrar piedras y eso es nuestro corazón. Para las mineras las piedras son tesoros, pero para nosotros es el alma. Si les permitimos cavar no sabemos qué túneles van a hacer y si nos van a sacar el corazón de la montaña», concluye Marciano.

Link:http://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2017/05/21/59206c1fe5fdea5f568b45bb.html

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