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Cuando la energía dibuja un mapa de conflictos

Brototi Roy 08/12/2019 03:38 Actualizado a 08/12/2019 03:38

Nuevas alianzas mundiales fortalecen los grupos que se oponen a la extracción, el transporte y la quema de combustibles fósiles


Cuando la energía dibuja un mapa de conflictos

El debate sobre combustibles que no deben ser quemados (los unburnable fuels) y la definición de las reservas de carbón, petróleo y gas que tienen que quedar bajo tierra para evitar más concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera es cada vez más fuerte. (Efraín Perales / EFE) Brototi Roy 08/12/2019 03:38 Actualizado a 08/12/2019 03:38

Numerosas comunidades locales en diversas partes del mundo han expresado su oposición a la extracción de carbón, petróleo o gas. Sus motivaciones están relacionadas con la defensa del territorio y la preservación de sus modos de vida, pero también, a veces, es su manera de combatir la emisión de gases que provocan el cambio climático. Estas acciones y protestas conforman el movimiento por la justicia climática.

La premisa de la justicia climática es simple: aquellos actores que desde determinadas partes del mundo son –por su excesivo consumo– responsables de la mayorítroleoa de las emisiones actuales e históricas de gases de efecto invernadero tienen que asumir la responsabilidad mayor de los daños producidos. El concepto de justicia climática está estrechamente relacionado con el de deuda climática. En el año 2000 el grupo neoyorquino CorpWatch elaboró una definición de justicia climática: “Justicia climática significa oponerse a la destrucción causada por los gángsteres del invernadero en cada fase del proceso de producción y distribución”, y propuso “desde una moratoria a las nuevas prospecciones petrolíferas hasta la interrupción del envenenamiento de comunidades por las emisiones de las refinerías; desde las drásticas reducciones de las emisiones de los automóviles hasta la promoción de unos medios de transporte públicos eficientes y efectivos”.

El debate sobre combustibles que no deben ser quemados (los unburnable fuels) y la definición de las reservas de carbón, petróleo y gas que tienen que quedar bajo tierra para evitar más concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera es cada vez más fuerte. El activismo climático está en fase de evolución. Mientras los políticos continúan alineándose con las empresas de combustibles fósiles, en todo el planeta la ciudadanía quiere dirigir justicia climática con sus propias manos. Este es un movimiento que integra diversas corrientes politicoeconómicas y politicoecológicas para combatir la grave amenaza del cambio climático. El movimiento Ende Gelände, en Alemania, persigue cerrar la minería de carbón en zonas cercanas a Colonia y Berlín; en Ecuador, entre el 2007 y el 2013, se buscó dejar expresamente en tierra el petróleo de los campos Yasuní ITT; muchas otras (exitosas) luchas locales han combatido la fractura hidráulica de la piedra (fracking ). Todo esto se llama Blockadia.

Los mayores causantes de la emisión de CO2 tienen que hacer más por remediar los daños

Tres características conectan estas campañas bajo el paraguas de Blockadia. En primer lugar, todas ellas a menudo buscan ir más allá de la protección del medio ambiente y ahondan en el cuestionamiento de la democracia y el control de los recursos. En segundo lugar, a menudo combinan las inquietudes locales con una conciencia global del cambio climático. Y, en tercer lugar, sus impulsores en primera línea son personas locales.

En los últimos años, la justicia climática está entrando en escena en todo el mundo, como en Bangladesh y Filipinas. Las nuevas alianzas que suman las luchas locales contra la extracción, el transporte y la quema de combustibles fósiles y la justicia climática harán más fuerte este movimiento.

El Atlas de Justicia Ambiental –que elabora el ICTA/UAB)– está basado en la investigación de los conflictos ecológico-distributivos y en la visibilización del movimiento global por la justicia ambiental. Nuestro mapa de Blokadia ha sido desarrollado con el objetivo de presentar los cientos de protestas que buscan interrumpir proyectos de extracción, transporte y quema de combustibles fósiles. Los impactos locales varían, pero muchos comportan la violación de derechos humanos, la contaminación del agua (como en el caso de la extracción de gas o petróleo mediante fracking), la contaminación y el hundimiento del suelo (minas de carbón), la polución atmosférica, la expropiación de tierras, la pérdida de medios de sustento, unas condiciones laborales deficientes, la pérdida de biodiversidad o impactos graves en la salud (la neumoconiosis o enfermedad del pulmón negro).

Hay muchas razones locales para dejar los combustibles fósiles en tierra. Hay además una razón global, el cambio climático. Y la más injusta situación es la de aquellos que sufren los daños locales de extracción de carbón o centrales térmicas o de oleoductos sin haber apenas contribuido históricamente a las emisiones de gases invernadero.
https://www.lavanguardia.com/natural/20191208/472042015009/cumbre-clima-madrid-energia-conflictos.html

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