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Las habilidades mágicas del «Tren Maya»

Consulta a indígenas, el mejor acto de prestidigitación

Margarita Valdovinos*
Foto: Twitter @TrenMayaMX
La Jornada Maya

Martes 17 de diciembre, 2019

Este sábado 14 de diciembre regresé como observadora a la consulta sobre el Tren Maya en Chichimilá (a siete kilómetros de Valladolid). En esta ocasión, de nueva cuenta se apeló a la figura de la asamblea para organizar las actividades del día. Luego de las presentaciones y formalidades correspondientes, se inició con una ceremonia maya y, posteriormente, los dos principales oradores expusieron sus ideas tal como lo hicieron en el evento anterior: Guillermo May Correa –Coordinador General de Asesores del Instituto Nacional para los Pueblos Indígenas (INPI)– presentó la dinámica del evento y Juan Javier Carrillo Sosa –Subdirector Técnico del Tren Maya por parte de Fonatur– tomó el micrófono para exponer un análisis cuantitativo de las reuniones regionales sobre el Tren Maya celebradas a finales de noviembre.

La asamblea continuó y se preguntó a la audiencia quién quería tomar la palabra. Varios comisarios levantaron la mano. El delegado de Fonatur acababa de mencionar que los funcionarios federales allí presentes habían acudido a tomar nota de las «demandas» y, para animar a la audiencia, tanto el maestro de ceremonias como la mujer que presidía la asamblea insistieron en que esta era la única ocasión para exponer las «peticiones» que los representantes de las comunidades mayas llevaban consigo.

¿Demandas, peticiones? ¿Qué relación tiene eso con el Tren Maya? pensé intrigada. Un Comisario Municipal sentado cerca de mí me explicó que él había acudido este día porque el INPI les comunicó que debían presentarse personalmente a expresar las necesidades de su gente en esta única oportunidad de hacérselas llegar directamente al Señor Presidente de la República. La información fue corroborada parcialmente por los miembros del INPI, quienes me indicaron que, desde el término de la última reunión, visitaron, una a una, todas las comunidades que habían sido convocadas al evento para entregarles una invitación a modo de recordatorio.

Sin embargo, fue hasta que un comisario municipal me mostró el documento que recibieron del INPI que entendí lo que estaba sucediendo. En el documento no se les recordaba informar a los miembros de sus pueblos sobre el tren o recoger sus dudas, sino más bien preparar «propuestas, opiniones, sugerencias o planteamientos sobre el proyecto» y pensar en «acuerdos respecto a su participación en la implementación [del mismo]». En otros términos, la consigna para los representantes locales era preparar las peticiones de su comunidad para el Tren Maya.

Problemas en las comunidades

Mientras distintas autoridades federales sentadas en el presidio miraban de frente a la asamblea, 28 representantes locales expusieron durante más de tres horas los problemas que enfrentan sus comunidades y enunciaron sus solicitudes: calles, apoyo de infraestructura, un paradero del tren, etcétera. Muchos otros no pudieron hablar, pero llevaban en la mano para ser entregadas a las autoridades competentes las cartas en las que se expresaban las carencias y necesidades de sus pueblos.

Al escuchar estos testimonios orales e imaginar las cartas redactadas para la ocasión con tanto esfuerzo por los representantes mayas era posible sentir el latido de un pueblo entero, el pueblo maya, que hablaba con toda su humildad, con el corazón abierto, expresando en forma de solicitud lo tantas veces ya dicho: su pobreza, su marginación y su exclusión. La escena era tristísima, pero a mí me causó gran enojo. No alcanzaba a entender dónde había quedado el Tren Maya en todo esto.

Cambio repentino

El cambio repentino que se instauró en el tono discursivo de la reunión y en la interacción entre las autoridades y los representantes de las comunidades mayas presuponía dos cosas: primero, que el Tren Maya se estaba presentando como un hecho consumado, y segundo, que tal iniciativa había sido promovida implícitamente entre las comunidades como el proyecto que permitiría, finalmente, traer consigo todas las soluciones a los problemas locales.

Y así sucedió. Del tren ya no se habló más. No hubo preguntas ni nada que pareciera una consulta hasta que, al término de la exposición de las solicitudes de los pueblos mayas, el representante del INPI volvió a tomar la palabra y subrayó que, puesto que en ninguna de las 28 demandas expuestas había desacuerdos, se daba por sentada la aprobación del proyecto. Pidió entonces que se levantara la mano para confirmarlo y mientras todavía algunos lo hacían, afirmó que la asamblea aceptaba por unanimidad el Tren Maya. Así concluyó todo antes de la comida.

Será la llegada de la época navideña, pero el evento me pareció digno del mejor acto de prestidigitación. Pero la magia aquí no fue tal y es momento de comenzar a llamar las cosas por su nombre: ¡Se trata de una gran manipulación retórica! Teniendo como testigo a toda la asamblea, el Gobierno Federal desvirtuó la participación de los pueblos mayas solicitándoles explícitamente exponer sus anhelos más legítimos para, inmediatamente después, utilizarlos como la evidencia de que el Tren Maya había sido aceptado por todos.

Proyecto nacionalista

Este tren, que no tiene nada de maya, parecía ser la gran oportunidad para establecer un nuevo tipo de relación entre el gobierno –en todos sus niveles– y los pueblos originarios de nuestro país. En cambio, ha demostrado ya desde la preparación de sus primeros cimientos que se trata de un proyecto neocolonialista en el que las comunidades indígenas son consideradas por mero protocolo; sólo se evocan sus derechos más no se garantizan y aún menos se hacen cumplir. En el ámbito de la lengua, por ejemplo, a pesar de la presencia de dos intérpretes de la lengua maya, se tradujeron únicamente las participaciones de los actores externos, se encaminó a los participantes a hacer sus intervenciones en español y éstas no fueron traducidas al maya, al contrario de lo que sucedió con las intervenciones hechas en maya (todas sin excepción fueron traducidas al español).

No puedo concluir estas líneas sin recordar que el Presidente de la República trabajó varios años en el Instituto Nacional Indigenista (INI) –ahora llamado INPI–, por lo que conoce sin duda la función mediadora de esta institución. Me pregunto cuál será su postura actual: ¿Seguirá creyendo que las prácticas institucionalizadas del INPI para relacionarse con los pueblos indígenas son suficientemente válidas como para poner en sus manos una consulta tan relevante para su gobierno como lo es la del «Tren Maya»? Lo único que me queda claro es que el mal llamado «Tren Maya» no es el trineo de Santa Claus y tampoco la prueba de que el nuevo gobierno ha entendido algo sobre la dignidad de los pueblos originarios.

*Investigadora del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.

Mérida, Yucatán
margarita_valdovinos@hotmail.com

https://www.lajornadamaya.mx/2019-12-17/Las-habilidades-magicas-del–Tren-Maya-

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