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EL AGUA COMO TERRITORIO

ELIANA ACOSTA MÁRQUEZ

Inundaciones en San Cristóbal de Las Casas, octubre de 2020. Foto: Alan Diddier Fuentes Canales

Inundaciones en San Cristóbal de Las Casas, octubre de 2020. Foto: Alan Diddier Fuentes Canales

FRENTE A LA APROPIACIÓN Y MERCANTILIZACIÓN, LA DEFENSA DE LOS BIENES COMUNES Y EL CUIDADO DE LA TIERRA

Ante la crisis que estamos viviendo, multicausal declararían algunos o multidimensional precisarían otros, destaca el origen de nuevos patógenos como el SARS-CoV-2 vinculados a la degradación ambiental, la alteración de ecosistemas y explotación de recursos naturales asociados al extractivismo y a la industria alimentaria. El modo de producción y consumo entre limitadas regulaciones y mínimas restricciones han acelerado cada vez más la mercantilización de la vida, la devastación ambiental y la pérdida de biodiversidad, favoreciendo a su paso la apropiación de los territorios y la desintegración de comunidades históricas y culturas diversas.

Históricamente, entre la sujeción colonial y el advenimiento del capitalismo y la posterior integración económica, administrativa, jurídica y educativa durante el proceso inacabado de conformación del Estado-Nación, es notable la pérdida de la diversidad biocultural pero también de la persistencia de los pueblos originarios con sus culturas y vínculos con su territorio, legando así los mayores núcleos de biodiversidad que aún se encuentran en el planeta, los cuales ahora más que nunca sabemos son imprescindibles para la preservación de la vida. La mayor expresión de la lucha y resistencia se vincula tanto con la reproducción de saberes y prácticas, concepciones y relaciones con una matriz cultural milenaria, como con la preservación de la propiedad social de la tierra. Ésta es una manera de vida que se distingue por la relación que mantienen las comunidades con el territorio, la conexión con los antepasados que legaron la tierra y el costumbre, así como por la preservación de instituciones y tradiciones que conforman una identidad singular. Legado histórico que constituye especialmente una relación ancestral con el territorio que sustenta a la vez la supervivencia material y la integridad cultural.

Los pueblos cuentan con tierra, agua y semillas que otros persiguen, manteniendo su gestión comunitaria como parte de un legado histórico y cultural que prepondera un valor de uso territorial no subsumido al capital. Si bien están integrados a la dinámica capitalista a través del trabajo o el consumo, aún sus territorios se encuentran al margen —al mantener tanto un uso de los bienes desde una lógica comunitaria como al producir sus propios alimentos. No obstante, los territorios están asediados y se encuentran amenazadas las gestiones comunitarias de los bienes comunes y en especial la del líquido vital, como se declarara hace un par de años en el Foro Alternativo Mundial del Agua, porque se requiere “la invasión, apropiación y control político y económico de los territorios, de las nacientes, ríos y reservorios, para atender los intereses del agronegocio, hidronegocio, industria extractiva, minería, especulación inmobiliaria y generación de energía hidroeléctrica. El mercado de bebidas y otros sectores quieren controlar los acuíferos. Las corporaciones quieren también controlar toda la industria de abastecimiento de agua y alcantarillado sanitario para imponer su modelo de mercado y generar lucros, transformando un derecho históricamente conquistado por el pueblo en un bien más de consumo. Quieren también los manantiales de Brasil, América Latina y el mundo para generar valor y viabilizar el mercado mundial del agua” (Foro Alternativo Mundial del Agua, 2018).

Mientras que las corporaciones pretenden un mayor control privado y su uso para proyectos extractivos y promueven su financiarización, los Estados, como es el caso de México, han favorecido su apropiación a través de las concesiones y la acumulación de la riqueza de unos cuantos “millonarios del agua” (Gómez, Moctezuma, 2020). Además, aún no contamos con una ley que ponga fin al acaparamiento y haga valer el agua como “como un derecho humano y un bien público” (López Bárcenas, 2020). Menos aún está en el horizonte el reconocimiento a cabalidad del derecho colectivo de los pueblos sobre la gestión comunitaria del agua; peor todavía, frente a los proyectos de desarrollo de la actual administración y a nombre de la soberanía energética y el interés nacional, las comunidades enfrentan los mismos embates de gobiernos pasados sumados a otros nuevos que pueden acrecentar el acaparamiento del líquido vital y la contaminación de los cuerpos de agua, afectando los núcleos de población y deteriorando aún más la salud ambiental.

Por eso es fundamental tener presente lo que es el agua y el territorio para los pueblos originarios y, en lugar de buscar el “mal menor entre el mal mayor” de los proyectos que se nos ordenan como necesarios e incluso inevitables, sí reivindicar los saberes y gestión comunitaria del agua y el territorio por parte de las comunidades indígenas y, junto con ello, repensar y transformar nuestra relación con el ambiente y el uso del entorno. Aquí un aproximado.

El agua es un don ancestral y legado comunitario

*El agua no sólo es un recurso para la reproducción de la vida, es parte de un entramado que posibilita la vida comunitaria arraigada a su entorno, fundamento de su memoria histórica y raíz de su identidad cultural.

* Además de un legado comunitario, el agua es un don otorgado por una entidad viva y ancestral, siendo el líquido vital parte de su cuerpo, concepción especialmente generalizada entre los pueblos originarios de nuestro país.

* El territorio es parte de los cuerpos de los señores, dueños o guardianes del agua, del monte, de los animales o las semillas.

El agua es constituyente del territorio y parte de una economía ritual

* Los pueblos indígenas de México y otras latitudes del mundo tienen la concepción de que el territorio, además de ser morada de múltiples entidades extrahumanas, comprende fuerzas y constituyentes fundamentales para la vida.

* Con el término de señores, dueños o guardianes en sus diferentes lenguas han nombrado y personificado potencias con agencia y distintos atributos identificadas con ríos, manantiales, lagunas, cuevas, oquedades, cerros, cruces de caminos, rocas, especies de animales, flores, árboles y plantas, entre otros elementos de su territorio y hábitat.

* Estas entidades comprenden lugares de memoria, enclaves de eventos míticos y narraciones cosmológicas, y espacio propicio para las prácticas rituales y el tejido comunitario.

* El despojo de territorios y bienes comunes conlleva la confrontación y puesta en contradicción de dos lógicas: si desde la lógica del capital todo se cosifica y se torna en mercancía, en contraste, en las comunidades indígenas encontramos que buena parte de esto que vinculamos con el territorio se personifica y se privilegia un valor de uso de carácter ritual y cosmológico.

Redes comunitarias de distribución del agua

* Los pueblos originarios mantienen formas de intercambio articuladas por una compleja organización comunitaria y trabajo en común que se expresa en los sistemas de cargos, comités, mayordomías o en los distintos compadrazgos, relaciones de parentesco y alianzas que se actualizan y reproducen en el territorio a través de las fiestas y acciones rituales, especialmente, en el costumbre.

* Frente al control de la administración del agua por parte del municipio, el Estado o el gobierno federal se ha defendido y miles de comunidades hoy mantienen la gestión comunitaria de las propias redes de distribución locales por medio de diversas figuras jurídicas. La gestión comunitaria del agua es regulada por sistemas normativos locales.

Un paradigma del cuidado

* La relación ancestral con el territorio es fuente de una profusa narrativa y compleja vida ritual y especialmente ha sido fundamento de su cuidado y preservación.

* Frente a la cosificación de la naturaleza y de la explotación de sus recursos, los pueblos originarios han configurado relaciones y concepciones que regulan el uso del entorno. Se han legado así los mayores núcleos de biodiversidad del planeta asociados a conocimientos y prácticas ancestrales.

* Estas relaciones y concepciones, conocimientos y prácticas constituyen un paradigma del cuidado que se debe proteger y garantizar su continuidad conforme a los derechos reconocidos de los pueblos.

* El cuidado del territorio implica la preservación de la comunidad, la salud y los saberes ejerciendo la libre determinación y el derecho a la autonomía.

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Referencias Declaración final del Foro Alternativo Mundial de las Aguas, 2018: http://fama2018.org/2018/03/27/declaracion-final-foroalternativo- mundial-de-las-aguas/ “El agua de la nación: entre los derechos humanos y el mercado”, Argumentos. Estudios críticos de la sociedad, número 93, año 33, mayo-agosto 2020, Universidad Autónoma Metropolitana- Unidad Xochimilco.


https://ojarasca.jornada.com.mx/2021/01/09/el-agua-como-territorio-6957.html?fbclid=IwAR1NiK2Ezm2y-e-xzza7nNbTDb7bLVdX2Nr_VZ43z8vJlBO-FwCWZTIbjY4

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