El gobernador de La Rioja desacreditó a los asambleístas que protestan en su día 25 en defensa del cerro Famatina. Ratificó la explotación minera de Osisko diciendo que la contaminación será cero y que los manifestantes no tienen la información adecuada. Aquí se resumen los fundamentos por el No a la Megaminería metalífera y uranífera a cielo abierto que a partir de la lucha de Famatina resuenan en un creciente eco en distintos puntos del país.

Dibujo de Carlos Ricci para ComAmbiental.

El libro 15 mitos y realidades de la minería transnacional en la Argentina (Editorial El colectivo y Ediciones Herramienta) publicado el año pasado por el Colectivo Voces de Alerta ya advertía que el problema no es de información. Entre los ambientalistas, el tema está claro desde hace años.

No es sustentable. La primera consideración importante es que por definición la minería no es una actividad sustentable, o sea perdurable en el tiempo, simplemente por tratarse de un recurso no renovable. Por ello es más propio hablar de «extracción» en vez de «producción». Las estadísticas demuestran que el empleo y la riqueza que se generan en el lugar de la explotación tampoco se sostienen luego de que la mina se cierra. En todo caso, la pregunta por la sustentabilidad hace referencia al uso de los minerales, para lo cual sería necesario fomentar las 3Rs (reducción, reutilización, reciclaje). Esto nos lleva al siguiente punto.

Especulación y consumismo. El tipo de minería en cuestión es la metalífera transnacional a gran escala y a cielo abierto, advierte Voces de Alerta (dejando de lado la extracción de los no metalíferos como la caliza, sal de mesa o arena para la construcción, entre otros). Los yacimientos emblemáticos en la Argentina incluyen la extracción de oro que, según sostienen los ambientalistas, su función principal es la de respaldar el mercado financiero y enriquecer las reservas de los más poderosos.

De este modo, el oro necesario para aplicaciones útiles, por ejemplo en la informática, ya está extraído de la naturaleza. En los primeros tiempos, no tenía tanto impacto ambiental, porque las vetas eran más ricas en minerales. Hoy en cambio los yacimientos tienen «baja ley», y por eso es necesario destruir cerros y montañas para extraer unos gramos de oro.  De eso se trata la mega-minería a cielo abierto con utilización de cianuro u otro metal pesado, y de grandes cantidades de agua, para la «lixiviación» del metal. Es decir, separarlo de las grandes cantidades de roca, algo que no puede hacerse manualmente como en la minería artesanal.

El mecanismo es obtener la máxima ganancia al menor costo. Y esto solo es posible con fuertes beneficios impositivos, financieros y aduaneros que reciben las mineras, entre ellos los subsidios para el agua y la energía. Las tarifas son muy bajas o nulas, en detrimento del abastecimiento domiciliario o para las actividades productivas más amigables con el ambiente. Entre los bajos costos, se incluye la muy pobre gestión de residuos tóxicos, que se generan en la lixiviación (ver recuadro debajo).

¿Es responsable? Es cierto que las mineras destinan importantes donaciones en las comunidades donde operan, para los hospitales, escuelas e instituciones sociales como huertas comunitarias, iglesias, medios de comunicación o clubes deportivos. Aunque constituyen un porcentaje mínimo de sus rentas, los fondos muchas veces representan la principal fuente de ingreso para estas instituciones lo que provoca una asimetría de poder que coopta voluntades, tal como explicó anteriormente el abogado ambientalista Enrique Viale.

Fue noticia que el lobby minero detuvo un plan nacional de educación ambiental crítico. En algunas provincias se prohibió que se trate la minería en las aulas, más aún que se realicen actividades en oposición a ella. En otras, directamente es el sector minero el que dicta cursos oficializados de educación ambiental para docentes y alumnos. Asimismo, no faltan las fuerzas represivas, con el apoyo de la fuerza pública, y se descubren tareas de inteligencia que “marcan” a los vecinos para su posterior judicialización.

Los pasivos ambientales. El gobernador Beder Herrera –que es oriundo de Famatina- expresó ante la prensa que el impacto ambiental de Osisko Mining será cero y preguntó retóricamente: “¿dónde el agua se contaminó por la minería?”.

La respuesta está en el libro de Voces de Alerta que enumera los casos de contaminación provocados por la Minera Alumbrera no solo en Andalgalá (Catamarca) donde opera desde 1997 sino también en Tucumán y Santiago del Estero, todo constatado en informes científicos, denuncias y causas judiciales todavía irresueltas.

La clave es que decir que «no existe contaminación» se hace en base a una operación empresarial. Puesto que el agua que se utiliza para la lixiviación se contiene en diques de cola. El riesgo es que esto se expanda hacia el ambiente, algo que no debiera descartarse porque la zona cordillerana es sísmica, por caso. Aún así, de todos modos,el agua que está allí ya está contaminada y su remediación resulta muy dificultosa.

Por lo tanto, la amenaza sobre el agua no es solo por el uso del cianuro o mercurio, su posible filtración de los diques de cola o el drenaje ácido, sino también su agotamiento por la alta demanda que tiene la actividad para separar el mineral por lixiviación o flotación en una región semiárida. Por ejemplo, minera La Alumbrera tiene permitida la utilización de 100 millones de litros de agua por día. También hay una afectación directa cuando las montañas albergan glaciares, que son cabeceras de cuencas hídricas de importantes ríos de la región.

Si la prevención dependiera solo de las evaluaciones de impacto ambiental, hay numerosos casos en la Argentina y el resto de Latinoamérica donde, después de ser aprobadas, se encontraron falencias metodológicas e irregularidades jurídicas, lo que no es garantía de transparencia ni confiabilidad.

Identidad y auto-determinación. Esquel, Andalgalá, Famatina son gritos de que la minería no es «la única posibilidad de desarrollo» para las provincias «no sojeras». De hecho, es esta modalidad de minería la que tiende a una «primarización de la estructura productiva», según se observó en los últimos años al concentrarse recursos (o incentivos) en torno a la exportación de minerales sin valor agregado.

Las protestas no son conservacionistas o como se dice «enemigas del progreso». Por el contrario, la propuesta es salir del extractivismo y defender el territorio en su sentido más amplio. Entre las alternativas se ponderan el concepto del «buen vivir», la soberanía alimentaria, la democracia participativa y una cultura del reciclaje que permita un uso más eficiente y respetuoso de los bienes comunes.

En el caso de Famatina, hay una cuestión que «los números» no puede determinar. Y es el valor de un cerro como símbolo de identidad de un pueblo, en forma similar a cómo se retrató en la ficción de la película Avatar. Eso es algo intangible, sobre lo cual reposa la salud -en sentido amplio- de la comunidad.

EDITADO el 26/12/2011 para perfeccionar el artículo y la comprensión de la problemática.
También incorporamos este pasaje de un envío de correo del profesor Antonio Elio Brailovsky que enfatiza en el pelibro de los diques de cola.

Contaminación y minería (fragmento)

Cualquier estudiante de economía podría preguntarse cómo hacen las mineras para generar grandes ganancias, teniendo en cuenta el costo de remover y tratar miles de toneladas de roca para obtener una pequeña cantidad de los minerales buscados.
La respuesta es que, a diferencia de otras actividades industriales, la gran minería no hace una gestión integral de sus residuos peligrosos: simplemente los acumula. El secreto de la rentabilidad es ése: dejar los residuos peligrosos sin tratamiento. Lo que hacen es construir los llamados diques de colas, que son reservorios de millones de metros cúbicos de desechos líquidos y barros con cianuro, arsénico, plomo y demás metales pesados. Estos residuos peligrosos pueden filtrar al subsuelo y desbordar en los ríos y arroyos. Una vez terminada la explotación quedan abandonados. Se supone que la empresa tiene responsabilidad sobre ellos, pero si es una corporación del exterior, no será sencillo obligarla a hacerse cargo si hay problemas.
¿Durante cuánto tiempo permanecen peligrosos esos residuos? Como son metales pesados, serán peligrosos mientras exista vida sobre la Tierra.
Las empresas alegan que se trata de estructuras antisísmicas. Sin embargo, el reciente terremoto y tsunami de Japón de mostró que, ante los hechos, no todas las estructuras calificadas como antisísmicas resisten un terremoto.
De modo que hay riesgo de dispersión de contaminantes que afecten la cada vez más escasa agua usada por los valles cordilleranos, y esos riesgos no desaparecen con el final de la explotación cuando se agoten los minerales, sino que permanecen latentes para siempre.
En algún momento del debate se prometió que las autoridades nacionales y provinciales controlarán que las empresas actúen con la misma tecnología y las mismas precauciones ambientales que en el llamado Primer Mundo. Para ver en qué consisten esas precauciones, les acerco las fotografías de dos casos de rotura de diques de colas y extrema negligencia empresaria, ambos en países europeos:
1 – Rotura de la presa de contención de la mina de Aznalcóllar (Sevilla), el 25 de abril de 1998, y
2 – Derrame tóxico en una mina de bauxita, en Hungría, el 5 de octubre de 2010.
En ambos casos, las empresas habían jurado que las instalaciones eran seguras y las autoridades de ambos países dijeron lo mismo. Y en ambos casos, las empresas se negaqron a hacerse cargo de su responsabilidad económica en los daños y la remediación. Los gastos estuvieron a cargo e los respectivos Estados. Los juicios, por cantidades inimaginables de millones de euros, continúan.

http://www.comambiental.com.ar/2012/01/mega-mineria-las-razones-del-no.html