La crisis económica y la inestabilidad de las monedas, así como el apetito asiático por los minerales del mundo, han propiciado el aumento explosivo de la industria minera. Tanto las grandes compañías mexicanas como algunas extranjeras hacen grandes inversiones para incrementar de forma acelerada su producción y beneficiarse de los altos precios de los minerales.

En los primeros nueve meses de 2011 el valor de las exportaciones de minerales se incrementó 93 por ciento, al alcanzar los 2 mil 563.20 millones de dólares, incremento impulsado por el alza de 324 por ciento en las exportaciones de minerales y metales preciosos, particularmente el oro y la plata, que alcanzaron un valor en el mercado externo de 212.2 millones de dólares, acorde con datos de la Balanza de Pagos del Banco de México, lo que explica que los ingresos de divisas de esta industria haya desplazado a los del turismo y que la inversión extranjera directa en ella se haya disparado en los últimos años.

En este orden de ideas, el anuncio de que tres nuevas empresas pronto iniciarán operaciones en la entidad no es más que la confirmación de que la industria vive una nueva edad de oro. Lamentablemente el crecimiento de los rendimientos económicos en esa rama industrial no motivó a los legisladores a revisar el régimen fiscal, de manera que los pueblos de los territorios mineros siguen sin recibir renta por los minerales extraídos de su suelo. De ese modo, mientras que Pemex retribuye con miles de millones de pesos a los estados petroleros, las empresas mineras sólo aportan la derrama salarial indispensable para su funcionamiento.

Por lo anterior, las autoridades estatales deben transmitir a Gobierno de la República, así como al clúster minero que se ha constituido en la entidad, la aspiración del pueblo de Zacatecas de que sus minerales contribuyan sustancialmente a mejorar los índices de desarrollo humano y la sustentabilidad de su presencia en este territorio, y su convicción de que ello se puede lograr con la voluntad de los gobernantes y de los dueños y representantes de las grandes compañías mineras.

Desde hace años los zacatecanos hemos exigido la integración de una red de proveedores competitiva y poderosa, que se agregue valor en la entidad a los minerales que se extraen, que se instale aquí una moderna fundidora, que se instalen los laboratorios y se forme el personal técnico y científico que requiere la industria; que los pueblos mineros se transformen en espacios sustentables con capacidad para sobrevivir dignamente al agotamiento de la actividad extractiva.

Las demandas planteadas son razonables y legítimas, y están al alcance de las capacidades de todo tipo de las empresas mineras. Gobierno del Estado y los ayuntamientos, todos los partidos y sectores debemos expresar por todos los medios disponibles la demanda que nos une: la nueva edad de oro de la minería debe beneficiar al pueblo zacatecano.

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