
[Minería]
La tragedia
65 mineros, pertenecientes al turno de las 22:00 horas a las 6:00 am, quedaron atrapados por una explosión.
Las minas eran operadas por el Grupo México, la más grande compañía minera del país.
Las informaciones son contradictorias. El Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros y Metalúrgicos informó de que los mineros se encontraban atrapados aproximadamente a 490 metros, dentro de un túnel horizontal de 1.6 km de largo. La compañía minera Grupo México declaró que los mineros se encontraban a unos 150 metros bajo tierra.
Causa de muerte
Sobre las causas de la explosión, Grupo México argumentó que se había generado una explosión en el interior a causa de una bolsa de gas –gas que sale del subsuelo al momento de la extracción de carbón– y que como consecuencia, la temperatura había subido a más de 900 grados.
Sin embargo, de acuerdo con las autopsias de los únicos dos cuerpos que fueron rescatados, su muerte fue provocada por asfixia y no por calcinamiento.
Esos dos cadáveres fueron localizados a la altura del diagonal nueve de la mina. Grupo México aseguró que había avanzado a casi 2.8 kilómetros hacia adentro de la mina, pero no había encontrado más restos.
‘¿Por qué no me tocó morir?’; minero
Por: Sergio Rodríguez
“¿Entonces sabe quién soy?”. Fueron las primeras palabras que dijo Israel Muñoz Cruz, en el dintel de la puerta de su humilde casa, en la colonia María, en Nueva Rosita Coahuila.
Único minero que sobrevivió a la explosión de Pasta de Conchos, rehúye los reflectores de la notoriedad y evita en lo que puede, ser abordado para entrevistas. Perseguido por el fantasma de la tragedia en la que perdieron la vida 65 de sus compañeros, donde sólo se logró rescatar su cuerpo herido y después dos cadáveres, Israel preferiría no tocar el tema de la Mina Ocho de Pasta de Conchos.
Sin embargo acepta, aunque con cierta reticencia, a hablar de lo que pasó después: su milagroso rescate, las lesiones, la pensión, y un largo y viacrucis para conseguir empleo desde entonces, trabajo que se le ha negado sistemáticamente.
En busca de trabajo
En su casa, en la colonia popular María, el minero originario de Chiapas y radicado en la región carbonífera de Coahuila, sólo se le puede localizar en la noche, porque durante el día sale a la calle a buscar empleo, a huir de sus pesadillas y a evitar ser encontrado en la vivienda por los periodistas.
Acepta platicar. Nos invita a la modesta sala de la casa que habita desde enero de 2006, casi dos meses antes de la explosión que cimbró al país por la muerte de tanto minero dedicado a extraer hulla de las profundidades de la tierra.
Recuerda que antes de la explosión salieron varios mineros que no debían estar afuera. Él estaba en el primer nivel de la mina de carbón, en el área de Control Uno, o Cabeza de Banda. Eran 66 los mineros que estaban en ese momento debajo de la tierra.
“Mi trabajo era parar la banda que subía el carbón si se paraba la otra banda, la que recibe el mineral y lo lleva al exterior” explica con rostro serio.
Sobrevino la explosión. Luego no recuerda nada. Despertó después en la cama de un hospital, no sabía si pasaron minutos, horas o días. Tampoco sabía lo que ocurrió.
Afortunadamente no sufrió lesiones graves. Ni siquiera un hueso roto. Sólo la contusión en la cabeza que lo hizo perder el conocimiento y olvidar la detonación, el caído (o derrumbe) y su milagroso rescate.
Enfrentar los hechos
Después le fueron llegando las noticias de los hechos a golpes: su esposa casi histérica no se despega de él, y le habla de la mina como si él supiera qué pasó. Así se enteró de que hubo una explosión, y que él fue rescatado.
Al parecer no le querían informar mucho: supo que había varios mineros atrapados. Luego, que eran casi todos: los 65 del turno. Después supo que los dieron por muertos y que sus cuerpos, los de 63, aún seguían (y hoy, a ocho años, siguen) enterrados bajo toneladas de tierra y carbón mineral.
Mortificado por su situación, explica que recibió una pensión “por riesgo de trabajo” de 2 mil pesos mensuales, dinero insuficiente para satisfacer las necesidades de su familia: esposa, casa, dos hijos estudiando bachillerato.
Insiste en aclarar: la pensión no es por incapacidad, sino por “Riesgo de Trabajo”, y le otorgaron un 65% de pensión, lo que en sus palabras, lo dejó “marcado” para no conseguir empleo.
“Cuando te dan menos del 40% (de pensión) sí puedes conseguir trabajo (en las minas), pero arriba, con un 65 como a mí, nadie te contrata”, explicó apesadumbrado.
Señaló que además tiene cinco discos de la columna vertebral dañados, y con eso no puede estar de pie tanto tiempo como para trabajar en una maquiladora, la otra fuente laboral de esta comunidad.
‘¿POR QUÉ SOBREVIVÍ?’
Cuestionado por sus sentimientos por haber sobrevivido a la tragedia, Israel, con la mirada hacia abajo, y muy serio responde: “Siempre me pregunto por qué no me tocó morir” y levanta la vista hacia los ojos de quien lo entrevista y agrega: “He sido atendido por médicos, psicólogos, psiquiatras, y nadie me sabe responder por qué, ni cómo quitarme de encima esta duda que me mata. Me atormenta”.
Tiene una familia, una esposa que trabaja en “la maquiladora”, dos hijos que estudian en el CBTIS, y eso es una razón para vivir. Pero los 65 mineros que murieron en Pasta de Conchos también tenían familias, hijos, esposas, hermanos, padres, y no sobrevivieron a la tragedia.
Considera que haber sobrevivido a este desastre fue designio de un ser supremo. “No encuentro explicación de por qué me dejó Dios” expresa para continuar inmediatamente diciendo que seguirá adelante por su familia.
Sus hijos, una jovencita y un varón, hoy tienen 16 y 17 años de edad, tienen aspiraciones y sueños de prepararse, convertirse en profesionistas y salir adelante.
Señala que está cansado. Cansado de no conseguir un empleo, de no completar con la pensión, de que su esposa tenga que trabajar para cubrir gastos, de no saber por qué sigue vivo, y de que el Gobierno le niegue apoyo.
“A las viudas las apoyaron con becas, con despensas, con recursos, pero a mí no. Ellas se quedaron sin el sostén de la casa, y mi familia también, porque yo no puedo trabajar, estoy incapacitado y ellas pensionadas. Y a mí me negaron el apoyo” señala.
Con sus hijos estudiando el bachillerato, seguirá luchando para tratar de ofrecerles una preparación y educación para que tengan mejores posibilidades de obtener mejores empleos, más pagados, para que vivan mejor y trabajen en sitios menos riesgosos.
Panteones se llenan con mineros
Por: Sergio A. Rodríguez
Los desastres mineros son comunes, y los panteones de Nueva Rosita y San Juan de Sabinas lo confirman: cientos de tumbas a lo largo de décadas evidencian la cantidad de víctimas mortales de explosiones y derrumbes.
Juan Hernández, enterrador del panteón de Nueva Rosita señala una hilera de tumbas abandonadas y dice: “Allí están los mineros de la tragedia del 31 de marzo de 1969.
Dice que no sabe cuántos murieron en esa explosión, pero la fila de tumbas es larga, y es probable que algunos muertos no fueran de aquí y que se los hayan llevado a sus comunidades, como pasó con los únicos dos cuerpos rescatados de Pasta de Conchos.
En el panteón se abrieron decenas de fosas para darles sepultura a los mineros muertos en la Mina 8, pero de los 65 muertos sólo rescataron los cuerpos de dos, que eran de Barroterán y no fueron enterrados en las tumbas preparadas en Nueva Rosita.
Antecedentes
Registros oficiales indican que en 1967 en las minas Guadalupe Dos y Tres murieron 153 mineros, enterrados muchos de ellos en Nueva Rosita, donde vivían.
Hernández señala que fueron enterrados sin velación ni rituales, así como los sacaban los llevaban al panteón. “Hemos sacado cuerpos y todavía vienen con ropa de trabajo, los cinturones con las pilas para las lámparas de sus cascos…” expresa Enrique, otro de los panteoneros.
Las tumbas tienen en las lápidas como epitafios las despedidas de esposas, madres y hermanos, pues entre las víctimas de ese y de muchos otros desastres mineros, hay jóvenes, algunos menores de edad que tuvieron la necesidad de trabajar.
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